
D. Fernando de Arce y su hijo participaron de forma heroica en la última fase de la guerra de Granada. En la toma de importantes plazas montañosas que conformaban el cinturón de protección del reino moro a finales del siglo XV. A finales de abril de 1486, el duque del Infantado emprende su campaña contra el reino de Granada a instancias de los Reyes Católicos. La aventura se compone de gentes del Infantado, jinetes de Guadalajara, hidalgos alcarreños y seguntinos. Hernando del Pulgar –cronista de la guerra- describe la brillantez y el empeño que aquella ocasión había reunido en el ejercito del duque, que mandaba las tropas en persona: “quinientos hombres de armas a la gineta e a la guisa e los peones de su tierra que le mandaron traer, e fizo grandes costas en el arreo de su persona de los fijos-dalgo que vinieron con el; entre los cuales se fallaron cincuenta paramentos de caballo de paños brocados de oro, e todos los otros de seda, e los otros arreos de guarniciones muy ricas”.
La campaña castellana reune al oeste de la ciudad de Granada importantes tropas llegadas del centro-sur peninsular. La conquista de la ciudad de Loja fue muy trabajosa, pero llenó de optimismo al ejercito y a los caballeros que acompañaban al Duque. Inmediatamente se cercaron y conquistaron las plazas de Illora, Moclín y Montefrío con Colomera, batallas en las que se engrandece el prestigio guerrero de Mendoza y de D. Fernando de Arce, pues participó con su hijo D. Martín en todas ellas. En plano verano, la campaña está avanzada hacia granada; los cruzados deciden proceder a las talas y guerrilla contra la vega de Granada, granero y huerta de la ciudad.
Línea fronteriza del reino nazarí de Granada y
lugares en cuyo cerco y conquista participaron los Arce en la campaña del duque del Infantado.
Un miércoles de julio, acudía el duque con sus dos escuadrones bien formados a cubrir la retaguardia de quienes hostigaban ese día a los moros. Su columna de apariencia disciplinada y firme no fue atacada, pero las gentes de los concejos de Úbeda y Baeza del obispo de Jaén recibieron un ataque por sorpresa en que una partida de granadinos les tendieron una celada. Al ver el peligro, el duque ordenó acudir en su ayuda. Al llegar los jinetes castellanos, los granadinos se dieron a la fuga y los caballeros siguieron en persecución suya. Al pasar la ‘Acequia Gorda’ de la vega, algunos árabes abrieron las compuertas de modo que el agua irrumpió y anegó el campo de batalla, haciendo que muchos castellanos cayeran del caballo, y otros enfangados, lesionados y sin armas no supieran cómo defenderse. El desconcierto, provocó un contraataque de los musulmanes y en esta ocasión algunos del duque cayeron malheridos cuando no muertos. Dice el cronista Alonso de Palencia que en aquella tarde perdió la vida una veintena de hombres del duque del Infantado, entre ellos el valiente guerrero de Guadalajara Juan de Bustamante y el aguerrido caballero de Santiago D. Martín Vázquez de Arce, hijo del comendador Don Fernando de Arce, secretario del Duque. Tenía Martín 25 años y era el heredero de la familia, la esperanza, la mejor alegría de una familia de hidalgos seguntinos, que ha pasado notablemente a la historia por esta forma heroica de morir y cuya biografía se hizo famosa a partir del original sepulcro. Dice el maestro Antonio Herrera Casado: “Quizás sea la figura de este joven castellano la que mejor represente esa lucha , esa guerra de Granada, codicilo de la Reconquista, que supuso la reintegración a una sola entidad política de las tierras todas de Iberia”.
Qué dolor debió sufrir el padre del héroe cuando recogió los restos mortales de su hijo y lo trasladó hasta sepultarlo en la capilla familiar que la familia Arce se había reservado en la catedral de Sigüenza, donde más tarde su hermano Fernando –religioso que fue prior de la iglesia de Osma y finalmente obispo en Canarias- se cuidó de encargar una estatua funeraria con que ilustrar su memoria. La estatua de alabastro, en una pieza, representa al joven caballero en su serena última morada. Vestido para la guerra, de vocación humanista, de mirada perdida y melena a la moda, las piernas cruzadas como manda la tradición entre nobles que lucharon contra el infiel, la cruz de Santiago, yelmo y paje a sus pies, leyendo quizá uno de los primeros libros de aquella época renacentista donde la imprenta fue revolución. El personaje de D. Martín Vázquez de Arce, se nos presenta como miembro de una familia hidalga, discretamente oculto en el hueco del muro de la capilla, pero brillante en color y formas, con un fondo carmesí en el que entroniza una lápida de epitafio que narra sucintamente el episodio de la acequia gorda, en letra gótica. Es el luego llamado ‘doncel de Sigüenza’ que ha dado fama a su familia, engrandece a los Mendoza, ha resaltado los méritos de la ciudad y constituye el mejor ejemplo de escultura del Renacimiento en España.
El sepulcro de D. Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, tan visitado y celebrado hoy en todo el mundo, es una pieza preferente en la capilla de San Juan Bautista y Sta. Catalina propiedad de los Arce en la catedral seguntina. La sala está presidida por el túmulo del matrimonio de D. Fernando de Arce y su esposa Catalina Vázquez de Sosa, de ascendencia portuguesa. Ambas figuras se representan con perros a los pies. En la Edad Media es muy utilizado el símbolo de colocar un perro a los pies del difunto, especialmente en estatuas, queriendo significar la fidelidad, como virtud cristiana.
La capilla de los Arce es rica en representaciones caninas. El perro que aparece a los pies de la estatua de Dña. Catalina es un alano típico muy bien naturalizado en alabastro, orejas enteras, boca ajustada, ojos rasgados, ajustado de belfos y perfil facial recto. El resto de la capilla, sino de la catedral completa, es un vertiginoso paseo por las imágenes de alanos medievales:
- El alano de orejas recortadas a los pies de la estatua yacente de D. Martín Vázquez de Sosa, abuelo materno.
- La formidable figura, bien oculta a los ojos del visitante, de un alano de rabo entero a los pies de Dña. Sancha Vázquez, abuela materna del doncel.
Y para redondear la visita a la catedral de Sigüenza, visiten el mausoleo -junto a la puerta plateresca de la sacristía- datado en el siglo XII del fundador de la catedral, obispo D. Bernardo de Agen, donde un alano (anterior a los representados por Alfonso XI), de orejas enteras y proporciones de cabeza excelsas, traslada a los aficionados que lo contemplen a un mundo auténtico en guerra por la fe, donde la fidelidad era el valor primero.
- Fotos de las figuras caninas propiedad de Carlos Contera.
- Más información actualizada:
- Martinez Gomez Gordo, J.A. El doncel de Sigüenza. Ed. Aache. Guadalajara 1997.
- García López, Aurelio y Clemente San Román, Carlos. La casa del doncel. Ed. Aache. Guadalajara, 2006.






