
La Catedral de Almería es un templo semi-fortificado que se construye en el principio del siglo XVI, en pleno renacimiento español. A su sobriedad, en terreno llano, añade algunos detalles caninos de gran calidad escultórica y arquitectónica, animados por su gran impulsor el obispo Fernández de Villalán. La tumba del fundador domina la catedral, es un conjunto escultórico hecho por Orea, donde el obispo culmina la tradición medieval de los perros alanos guarden, en piedra, las tumbas de guerreros y clérigos. La tradición de perros en los túmulos de los obispos tiene un enorme recorrido por Castilla y parece heredada de la minoría goda (visigodos y alanos) dominante en el poder civil y religioso, tras el ocaso de los iberorromanos en la península ibérica.

Desde la conquista de los reinos musulmanes de Granada y Murcia, la construcción de la catedral de Almería debió ser un hecho cumbre para la cristiandad en la región y contribuyó al esfuerzo de unidad de credo patrocinado por el Emperador Carlos. Los perros alanos son el símbolo del obispo Villalán, por su procedencia y apellido toponímico. Nos ha brindado para la posteridad la más larga serie de perros alanos en piedra, contemporáneos de los perros alanos y lebreles que participaban por entonces en la conquista de América. La obra y la colección de estatuas es de plena vigencia en cinofilia y realismo excelso como punto de referencia.
El Sol de Villalán (mal llamado a veces de Portocarrero, su sucesor y ajeno al diseño) es la maravilla almeriense del renacimiento. Es la principal atracción para turistas y viajeros. Fulgor en el diseño y cuidadosa realización. Ha llamado la atención a propios y extraños durante cuatrocientos años, en este templo donde predomina la austeridad y la brillantez.
Los perros alanos abundan en los escudos catedralicios de Almería por doquier, como marcas del fundador. Múltiples figuras de perros alanos encadenados y libres, acompañando a ángeles y en el fontispicio de la principal entrada a la catedral. Aunque sobresale el alano de mármol de Orea, en la tumba del obispo. Musculoso y erguido, hiper-realista, regio, que acompaña y escolta los reverendos pies del obispo castellano.
Los alanos de Villalán perpetúan una raza de hombres y perros. Por apellido y por tradición, el fundador de la catedral de Almería no puede ser ajeno al colectivo étnico que pobló ciertos lugares de la península con personas llegadas desde el lejano Caúcaso. Su Eminencia traslada a la posteridad, como eslabón de enganche, la importancia del perro en su vida y el cómo eran los perros más nobles del renacimiento. Con el material más duradero a su alcance: la piedra tallada, el noble mármol. El detallado testimonio -en volumen y dimensión real- es una referencia en la conservación de la raza y en la preservación de los valores físicos y emocionales que envuelven al perro alano en España. Dicen que la mayor parte del pueblo alano recaló en Osetia, la región al sur de Rusia. Allí se quedó una parte de la población. El espíritu de aquel pueblo viajó hasta Almería. En su catedral: figuras, perros alanos, inscripciones ‘ALANUS MEC-CON-DIT’, escudos de familia, lápidas.
Descubrí los muros y esculturas de Almería de la mano de D. José María Saracho, notable aficionado a las razas caninas y orgulloso almeriense. Me sirvió de guía de la Catedral en la Semana Santa de 1999. El aplazado artículo común sobre la construcción
catedralicia, quizá se verá compensado con esta emocionada nota en la web.
© Fotografías y texto de Carlos Contera.
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© Fotografías y texto de Carlos Contera.
