EL DUQUE DE ARIÓN, maestro de monteros.

La figura del Sr. Duque de Arión ha recorrido varias veces las crónicas monteras y las páginas dedicadas al alano en la caza. Su intercambio postal con el Conde de Yebes nos ha proporcionado a los aficionados a los perros de caza mayor los parrafos más jugosos de nuestras lecturas. La rehala del Duque de Arión marcó un estilo en aquellos años de oro de la montería española. Algunos de sus perros han pasado a la historia, especialmente sus admirados alanos. Llevó algunos de sus perros a la exposición canina de El Retiro de Madrid de 1911 y su perro 'Cazalla' fue inmortalizado como modelo de la raza.

Hemos aprovechado una reseña de Emilio Álvarez (Revista Trofeo-Nº 453-Feb. 2008) para incluir el personaje en nuestro blog de hombres ilustres.

D. Joaquín Fernández de Córdoba, duque de Arión (1870-1957), de manera de ser inflexible y cumplidora, valoraba la autenticidad de las co­sas y reconocía en el propio esfuerzo la mejor re­compensa y el camino del éxito. Dueño de una de las mejores rehalas de la época, fue uno de los componentes máximos del verdadero montero español; perseguidor de la observación de todas las reglas del bien montear, el duque de Arión no perdonaba la ne­gligencia ni que se infringiesen las normas para él "sagra­das" de la montería.
De gran experiencia en asuntos de montería y perros de caza mayor, siendo una de las personas con más crite­rio sobre la materia, sus opiniones en asunto de rehalas eran las que se resumen y, como podrá comprobar el lec­tor, tienen absoluta vigencia en nuestros días.

Sobre los perros para la montería:
"Para tener buenos perros lo principal es cazar­los muclio, matarles muchas reses y cebarlos bien, procurando que los perros no se desengañen".
No hay motivo para que una rehala esté com­puesta de animales a los que les falten muchas con­diciones, cuando puede tenerse perros excelentes y con buena presencia
".

Sobre el tipo de perros:
"Al podenco, no hay busca que le aventaje y digo busca por no ser posible aspirar a que sea un perro de fuerza y de agarre por añadidura".


Y continuaba: "Creo firmemente que a parte de los podencos puros excepcionales (*), no hay perro superior al cruzado de podenco y mastín ligero... si se puede añadir a los peri'os citados un par de colle­ras de alanos o de mastines valientes y muy morde-dores, tanto mejor, pues salvarán a muchos perros y harán buena la rehala... En los perros de agarre no se busca nariz ni lengua, sino que lleguen pronto a salvar a los demás perros".

Sobre los alanos:
"(...) contribuyen mucho a que una rehala se ha­ga, buena, confiada en ellos, que a costa de su pellejo y muchas veces de su propia vida, salvan a sus com­pañeros de verdaderas hecatombes que he conoci­do"... En manchas de jabalíes no tienen precio... No es posible que los perros sean buenos si no agarran cochinos, muerden las reses y se ceban. Por ello es un verdadero crimen y una prueba terminante de que es un mal montero, cuando el tirador mata una res y no tiene más preocupación que los perros que vienen siguiéndola se alejen cuanto antes del cadá­ver para evitar le corten la carrera de otra que pue­da entrarles".


Sobre los perreros:
"No hay espectáculo más desagradable que ver a un podenquero con un rosaría de perros detrás, y es­to sucede o porque los perros son malos o porque es­tán muy cansados, pero principalmente por lo pri­mero".

El Duque de Arión, al morir dejó la rehala a su tuja, la duquesa de Montellano, que mantuvo los mismos crite­rios que su padre. Al morir su nieta, la condesa de Berantevilla, se deshizo la recova.

(*) Textos extraídos de los libros: "Veinte años de caza mayor" , del Conde de Yebes, y "La caza en la sangre", del marqués de Laula.

El duque de Arión opinaba que aquellos podencos que salian además de con bueiia nariz y dicha también resistentes y valientes era porque tenían en su sangre algún ancestro de mastín ligero por poco que fuera.